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En el siglo XX, el teatro evoluciona al ritmo de las transformaciones sociales: en Alemania, autores como Brecht y Piscator buscan provocar la reflexión, mientras que en Francia Jean Vilar y en Italia Giorgio Strehler crean un teatro dirigido al público obrero y pequeñoburgués. Por otra parte, el francés Antonin Artaud, el polaco Jerzy Grotowski y los americanos Julian Beck y Judith Malina intentan reencontrar la esencia ritual del teatro.

En Europa surge el modernismo, que adopta formas diferentes en los distintos países. La premisa principal de este movimiento es la defensa de un arte total y el fomento del progreso mediante la cultura. En Cataluña, adquiere unos rasgos diferenciados que se traducen en una voluntad de modernizar el país, de dejar de verlo como algo regional y de ponerlo al mismo nivel que las naciones más avanzadas de Europa. El modernismo coincide, además, con una etapa de importantes reivindicaciones sociales y de lucha de la clase obrera.

Siguiendo los principios modernistas, el crítico teatral Josep Yxart y Àngel Guimerà impulsan la representación en los escenarios catalanes de las obras de los mejores autores europeos del momento. Uno de estos dramaturgos es Henrik Ibsen, cuyas obras serán representadas en Cataluña principalmente por compañías italianas. La pieza naturalista El enemigo del pueblo se estrena en lengua castellana y se convierte en el modelo del teatro de ideas. Se trata de un teatro difícil que obliga a la reflexión y el análisis, pero que también es capaz de representar la realidad de la vida, por lo que tiene mucho éxito entre las clases más populares. Son numerosos sus seguidores entre los autores catalanes.

Àngel Guimerà inicia su actividad literaria como poeta y articulista, para dedicarse posteriormente al teatro. Su carrera se puede dividir en tres etapas. En la primera, de tendencia romántica, destacan las obras Gala Placídia, Judith de Welp o Mar i cel. En la segunda, produce sus títulos más populares, como Maria Rosa, Terra baixa o La filla del mar. Finalmente se centra, sobre todo, en satisfacer las demandas que le llegan de otros países, con piezas como Arran de terra o La reina jove. Los textos de Guimerà han sido traducidos a un gran número de diomas y han inspirado películas y óperas tanto en Europa como en América.

Henrik Johan Ibsen es uno de los dramaturgos modernos más influyentes y su obra ha sido interpretada y estudiada en todo el mundo. Ibsen revoluciona el teatro europeo convirtiéndolo en una herramienta para examinar la condición humana, como ya había hecho el teatro de la antigua Grecia. Sus obras son realistas y abordan problemas tanto psicológicos como sociales, alejándose definitivamente del melodrama excesivamente romántico y artificial. Algunos de sus títulos más destacados son Peter Gynt, Casa de muñecas, El enemigo del pueblo, Espectros o Hedda Gebler.

La obra de Henrik Ibsen tiene mucha influencia sobre numerosos autores catalanes, que adoptarán algunas de las características del teatro del dramaturgo noruego, como por ejemplo, la temática de denuncia social. Algunos de estos escritores son Jaume Brossa (Els sepulcres blancs, Les flors del desert), Felip Cortiella (Els artistes de la vida), Joan Torrendell (Els encarrilats), Ignasi Iglésias (L’argolla, Fructidor, Els conscients; L’alosa, La reclosa, El cor del poble, Les garses), Josep Pous i Pagès (El mestre nou, L’enemic, Els visionaris,) o Joan Puig i Ferrater (Aigües encantades, La dama enamorada, El gran Aleix).

Otro de los autores extranjeros que marcarán enormemente la actividad teatral catalana es el belga Maurice Maeterlinck. En 1893, se incluye su obra La intrusa en el programa de la segunda fiesta modernista organizada por Santiago Rusiñol en el Cau Ferrat de Sitges. Esta pieza breve se centra en el tema de la muerte y se enmarca en el teatro simbolista, una tendencia muy seguida dentro de este movimiento artístico, cuyo lema es el arte por el arte. A pesar de no tener tantos seguidores como Ibsen, la obra de Maeterlink tiene una enorme influencia en Adrià Gual y Santiago Rusiñol, sobre todo al inicio de sus carreras como dramaturgos.

Adrià Gual propone las pautas para la renovación del teatro catalán, que incluyen la creación de un teatro simbolista, la participación de un director de escena y la definición del "teatro íntimo". Su reforma, sin embargo, obtiene una aceptación minoritaria, ya que el público burgués del momento no confía en los planteamientos artísticos del modernismo. A principios del siglo XX, tras una estancia en París, sus textos se ven influidos por el realismo, y en los últimos años reivindica un teatro poético con obras como Don Joan o La comèdia extraordinària de l’home que va perdre el temps.
Santiago Rusiñol es un autor que sabe compaginar de forma excelente sus ideas artísticas con el gusto del público del momento. Ejemplo de ello es la adaptación teatral de su propia novela L'auca del senyor Esteve, estrenada en 1917. Rusiñol rechaza totalmente la tradición española y pasa de los planteamientos esteticistas y elitistas iniciales a la aceptación de los modelos costumbristas, incluyendo la figura de la familia como apoyo del artista. Algunas otras de sus obras más destacadas son Llibertat, Cigales i formigues), L’hèroe, La bona gent o El pati blau.

También conviene destacar una obra solitaria pero crucial en el teatro catalán: Nausica, de Joan Maragall, escrita en 1910. Se inscribe en una variante culta y literaria del modernismo.