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Teatro de vanguardia
 

A principios del siglo XX, una etapa en que cambiará la manera de entender el mundo, aparecen nuevas ideas y actitudes, absolutamente impensables en el horizonte mental de la sociedad del siglo anterior. En el siglo XIX prevalecían ciertas reglas religiosas, políticas, sociales o científicas que se empiezan a relativizar gracias a intelectuales como Nietzsche, Baudelaire, Rimbaud, Dostoievsky, Einstein o Freud. Sus obras y sus descubrimientos ayudarán a establecer muchas de las bases del espíritu del siglo XX. Esta nueva forma de pensar vendrá marcada también por la catástrofe política y humana que representa la Segunda Guerra Mundial, así como por la formación del proletariado como nueva clase social. El cambio de siglo es un periodo en que las personas se atreven a explorar la propia existencia y a construirse su propio estilo de vida y su sistema de creencias, al margen de lo que dicta la norma.

En este contexto aparecen las vanguardias históricas, que se desarrollan durante los primeros treinta años del siglo XX: el expresionismo, el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo o el constructivismo ruso.

El expresionismo (1905-1920), considerado la primera vanguardia histórica, es un movimiento artístico con un claro ideario estético que nace como respuesta al realismo. Los expresionistas quieren captar la verdad subjetiva, los procesos y las crisis personales de cada individuo, no el mundo visto objetivamente. Dan mucha importancia al teatro y a la literatura dramática, con los que se puede expresar, creen, la esencia del alma humana, y pretenden provocar en el público emociones extremas para hacerlo reaccionar.
El futurismo está centrado en las ideas de futuro y de progreso que, a principios del siglo XX, están íntimamente ligadas al concepto de máquina. Filippo Tommaso Marinetti establece las bases de este movimiento con el Manifiesto futurista, que escribe en 1909. En las veladas futuristas los artistas presentan escenas breves —sketchs— que rompen con los mecanismos del teatro y la literatura dramática. El suyo es un ideario radical con un alto componente de provocación: se burlan del arte, defienden la guerra... De hecho, muchos de ellos se alistan en las filas de Mussolini, porque el fascismo se presenta en ese momento como un producto de modernidad.
El dadaísmo nace en el Cabaret Voltaire de Zúrich en 1916, donde se citan un grupo de artistas de procedencias, disciplinas y estilos diferentes que huyen de la guerra. Su punto de encuentro es su falta de fe en los valores vigentes en la sociedad y su deseo de destruirlos mediante la negación, la parodia y la contradicción. Es un movimiento de gran vitalidad, creatividad y entusiasmo, que se extiende internacionalmente. A nivel teatral, quiere provocar el conflicto con el público. Elimina cualquier noción de género, suprime el concepto de acción dramática y rompe el diálogo a nivel lógico y sintáctico.
Según el surrealismo, la conciencia nos engaña y la auténtica realidad se encuentra en el inconsciente, que se libera a través del sueño. Para desbloquear el pensamiento, los artistas utilizan técnicas como la escritura automática, que reivindican en su Primer manifiesto surrealista (1924), y aplican las teorías de Freud a la creación. En lo que respecta a las artes escénicas, representan escenas breves o sketchs y utilizan los géneros y los códigos de forma subversiva, para desorientar al espectador. Es un movimiento que revoluciona el lenguaje. Antonin Artaud y Roger Vitrac consideran que el teatro es el mejor medio de expresión, pero serán excluidos del surrealismo en 1927.

Hasta este momento, en literatura se ha utilizado el narrador omnisciente, que lo sabe todo, pero ahora se toma conciencia de la individualidad de los personajes y aparece el yo de cada uno de ellos, único y subjetivo, como muestra de que no hay una verdad absoluta.

Un acontecimiento fundamental en la historia del teatro es el estreno de Ubú rey, de Alfred Jarry, en 1896. La obra, cargada de creatividad, rompe con los parámetros estilísticos del siglo XIX. Usa el lenguaje de forma absolutamente innovadora:, deformándolo e imposibilitando cualquier intento de interpretación seria. Ubú es una figura que reivindicarán futuristas, surrealistas y dadaístas.

Entre 1916 y 1924, Cataluña recibe la influencia del dadaísmo, el futurismo y el cubismo. En esta época, Salvat-Papasseit publica toda su obra y Josep Vicenç Foix, Joaquim Folguera y Josep Maria Junoy escriben sus primeros textos. En 1923 aparece el Grup de Sabadell, formado por Joan Oliver, Francesc Trabal y Josep Carner, entre otros.

En 1926, el surrealismo francés se introduce en nuestro país a través de la revista L’Amic de les Arts, y unos años más tarde, Salvador Dalí, Sebastià Gasch y Lluís Montanyà publican su Manifest groc o "manifiesto antiartístico catalán". En este momento aparecen también algunos autores que se sitúan al margen de los movimientos de vanguardia, como Salvador Espriu o Llorenç Villalonga.

En 1927, el pintor Salvador Dalí se introduce, de la mano de Adrià Gual y Margarita Xirgu, en la creación de decorados, tarea que desarrollará, de forma puntual y en paralelo a su producción pictórica, hasta el año 1961, con una decena de montajes diferentes estrenados en Nueva York, Detroit, Roma, Madrid, Londres y Venecia.

Son escenógrafos vinculados a la vanguardia Ramon Batlle Gordó y Àngel Fernández Castanyer, fuertemente influidos por el expresionismo. Más adelante, durante la década de los cuarenta y cincuenta, Artur Carbonell y Rafael Richard también beberán de esta corriente.