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La danza en el siglo XX
 

Durante el siglo XX llegan corrientes renovadoras para la danza, aparecen nuevas estéticas y se desarrollan géneros como el ballet y el flamenco, que ya habían dado muestras de sus grandes posibilidades artísticas durante el siglo anterior.

La incipiente danza moderna, llamada también danza libre, capitaneada por Isadora Duncan, tiene en Cataluña importantes embajadoras como Àurea de Sarrà y Josefina Cirera. También el método de Dalcroze, un innovador sistema de enseñanza musical, ejerce una fuerte influencia durante los primeros años del siglo en nuestro país, donde llega de la mano del músico y pedagogo Joan Llongueres. Por otro lado, el flamenco gana atención internacional de la mano de la bailaora barcelonesa Carmen Amaya. El éxito de este estilo en Cataluña se debe también a la proliferación de bares, colmados y cafés cantantes donde se canta y baila hasta altas horas de la madrugada y donde actúan sus representantes más reconocidos, procedentes de todo el país.

Pero, indudablemente, el gran referente coreográfico de este primer tercio del siglo XX es el ballet, gracias a los Ballets Rusos de Diágilev. Esta compañía, que presenta repetidamente su repertorio en el Gran Teatre del Liceu, introduce nuevos planteamientos coreográficos y artísticos y tiene un papel fundamental en la recuperación del interés por la danza en Cataluña. Asimismo, su influencia será determinante para una nueva generación de bailarines, entre los que destaca Joan Magriñà. Este gran maestro y coreógrafo será quien siente las bases del ballet clásico y la danza española del siglo XX en nuestro país.